Cercana ya la época de la vendimia, a primeros de septiembre, Aranda de Duero celebra sus fiestas en honor, precisamente, de la Virgen de las Viñas.

Gumiel de Izán queda a unos doce kilómetros al Norte de la capital ribereña, en la carretera Nacional de Burgos a Madrid. Solar de antiguos linajes, en su iglesia parroquial, que se alza en el centro de la población, se guarda un monumental retablo gótico, obra anónima de finales del siglo XV, bellamente policromado.

No muy lejos, el otro Gumiel, esta vez de Mercado, conserva su iglesia gótica de Santa María, donde relucen los oros del barroco en su retablo mayor. Lugar de paso para acercarnos al convento de "Domus Dei", en La Aguilera, a 10 kilómetros de Aranda, donde San Pedro Regalado, patrono de los toreros, sigue atrayendo por su fiesta, el 13 de mayo, a los fieles de la comarca.

Cerca de Gumiel del Mercado queda Sotillo de la Ribera. Su Ayuntamiento, porticado, y la botica, fueron construidos en el siglo XVII, así como la iglesia parroquial que presenta bella portada renacentista, muy parecida a la de Gumiel de Izán La construyo el cantero Domingo de Ondategui. En su interior guarda tres bellas imágenes: el "Ecce Homo", el "Cristo del Perdón" y un Niño Jesus de marmol, obra del escultor Michelangelo Nacherino.

Al Norte queda el valle del Esgueva, regando el río, Santibañez, Torresandino y Tórtoles de Esgueva antes de entrar en la provincia de Palencia.

Remontando el curva del Duero nos acercaremos a La Vid, en cuyo monasterio premostratense una Virgen de bello rostro, dulce y maternal, sonríe. Es Santa Maria de la Vid, acaso aquella misma hermosa imagen que, según la tradición, apareció en tiempos de Alfonso VII entre unos, a la ribera del Duero. La fachada de la iglesia esta labrada según estilo churrigueresco y se compone de un gran portal y airosa espadana que alcanza los 33 m. de altura. E1 espléndido conjunto merece el apelativo de "El Escorial de la Ribera". Peñaranda de Duero es una de las poblaciones mas bellas y pintorescas de la provincia de Burgos. Destacan en ella, entre viejas casonas de piedra y adobe, la mole de su iglesia parroquial y excolegial de Santa Ana, construida a médicos del siglo XVI, con trazas de Gil de Hontanon, y el palacio renacentista de los Avellaneda, obra encargada por Don Francisco de Zúñiga y Avellaneda, al parecer, a Francisco de Colonial. Su portada, con escudo de los Zúñiga entre tenantes, se abre señorial a la gran plaza y en su interior lucen, alrededor del elegante patio central habitaciones bellamente decoradas como el Salon de Embajadores, presidido por una finísima chimenea de estucos, sobre la que se abre una tribuna cerrada con fina celosía, desde la que la música sonaba en las grandes fiestas palaciegas. Más humilde, a las afueras de la villa, el convento de San Jose del Carmen tambien fue levantado en el siglo XVI. Y en lo alto del cerro los restos del castillo medieval aparecen como una nave rota, anclada en sierra. Entre el folklore popular ribereno debemos senalar la ¨jota peñarandina¨. Otros sones nos llegan por el Arandilla, aguas arriba. Suenan trompetas y tambores de guerra y, en lo alto, flamean al viento los rojos penachos de las guarniciones que avanzan con sus insignias y labaros hacia Clunia. Hoy, dos mil años despues, el lugar se llama Penalba de Castro, y en su término quedan las ruinas de una de las ciudades romanas mas importantes del Norte de la Peninsula. Fue ciudad arevaca, solar de cantabros y vascones. Sertorio resistió en ella a Pompeyo que la destruyó en el año 72 antes de Cristo. En los dies de Servicio Sulpicio Galba, Clunia fue la capital del imperio. Entre sus ruinas podemos admirer los edificios del foro, las termas imperiales, el teatro tallado en la roca y restos de numerosas cases decoradas con mosaicos que nos den una idea del antiguo esplendor de esta ciudad romana. Por estos caminos nos acercamos a Caleruega, patria de Santo Domingo de Guzman, patron de la Provincial En la torre de los Guzmanes, dentro del convento habitado por monjas dominicas, un pozo que las gentes quieren de agua milagrosa, señala el lugar donde nacio el Santo el año 1170. En dirección a Roa, Villalba de Duero ve correr el río aupada en una colina, en su margen derecha. En la otra villa queda Castrillo de la Vega y mas al sur asoma Haza, fuerte bastión en las avanzadas de la repoblación castellana. Apenas sombra de lo que fue su pasado, troy recorta sobre la ladera su silueta de murallas y torres abandonadas. Desde el torreón abandonado del pueblo se divisan los campos donde antaño corrieron algaradas los condes Gonzalo Fernandez, Gonzalo Tellez y Nuño Nuñez , defendiendo las fronteras de la Castilla condal. En este luger nació y vivió Santa Juana, madre de Santo Domingo de Guzman. A la vista queda Fuentemolinos, con su pequeña hermita románica dedicada a San Juan, el único resto románico que encontraremos al Sur del Duero. Fuentecén, Fuentelisendo, Hoyales de Roa y Berlangas de Roa quedan en la vega, en el arco que dibuja el río llegando a Roa. Suena Roa en la historia como la antigua Raula de los pueblos vacceos. Roma hizo discurrir por ella la calzada de Clunia a Astorga y, siglos despues, fue plaza conquistada por el Islam, haste que, en el ano 912, es de nuevo arrebatada pare la cristiandad por el conde Nuño Nuñez. En Roa murió en 1517 el cardenal Cisneros, mientras esperaba, en vano, la llegada del rey Carlos V. Siglos después, agosto de 1825, la villa era de nuevo trágica plaza, al morir en ella, tras varios meses de prisión infame, Juan Martin Diez, «El Empecinado». Un monumento levantado por la villa raudense recuerda al héroe popular de la Guerra de la Independencia. La iglesia parroquial de Santa María fue en otro tiempo colegiata importante. Construida en el siglo XVI por Pedro de Francisco Tello de Sandoval, obispo de Osma y de los Condes de Siruela, escoltando el grupo de la Asunción de Maria. Y en su interior, la capilla de los Burgos, una notable silleria, y un bello grupo es cultórico de la Adoración de los Magos, procedente de un retablo renacentista hoy desaparecido, cercano al estilo de Diego de Siloe. Como en Aranda, tambien aquí el asado de cordero, el celebre "lechazo", es plato obligado, asi como los vinos de la comarca, los buenos Riberas de Pedrosa de Duero, que queda a un paso. La Cueva de Roa y Mambrillas de Castrejon acompanan al río haste su salida de Burgos por San Martin de Rubiales. Desde el paseo del Espolón, en Roa, se ve la fertil vega por la que corre el rio camino de otras sierras, de otros lares, bendiciendo campos de Valladolid y Zamora haste Fermoselle, donde el padre Duero nos dice adios, pare adentrarse en Portugal camino de la mar océana.